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Buenas prácticas de carta QR: que se lea de verdad

El código QR es la parte fácil. Cualquier generador te da uno en diez segundos y se escanea sin problema. Lo que decide si tu cliente lee la carta o la cierra a los cuatro segundos está al otro lado del escaneo. Por eso estas buenas prácticas de carta QR empiezan por donde está el dinero — estructura, textos, precios, fotos, alérgenos, traducciones — y dejan la impresión para el final.

Estructura la carta para un pulgar, no para un folio

Una carta de papel se lee a un brazo de distancia y de una sola vez. Una carta digital se lee por una ventana del tamaño de un posavasos, bajando poco a poco y mientras alguien sigue hablando en la mesa. Las secciones tienen que ser lo bastante cortas para abarcarlas sin bajar dos veces, y llamarse como las busca alguien con hambre: Entrantes, Arroces, Vinos por copa. Los nombres creativos, tipo «De la huerta», te cuestan pedidos en cada servicio.

  • Arriba del todo, la sección de la que más se pide: al mediodía los principales, en una barra las bebidas. Las sugerencias del día siempre primero.
  • Entre cinco y nueve platos por sección. Las listas más largas se pasan de largo, no se leen.
  • Que toda la carta no pase de unas cuarenta referencias. Ciento veinte platos son un catálogo, no una carta.
  • Si comida y bebida son largas, dale una carta a cada una (varias cartas entran en el plan Premium).

Descripciones que venden el plato, no la receta

Dos líneas. Ese es todo el presupuesto. Una descripción de cinco líneas se salta, y a partir de la tercera todo es decoración. Gasta esas dos líneas en lo único que solo tu cocina puede decir. Fresco, casero y delicioso lo dice cada local de la calle. Madurado cuarenta días, seis horas al horno, el ragú que el jefe de cocina aprendió en Bolonia: eso sí es tuyo.

Nombra el ingrediente que se puede imaginar, la técnica o el origen. Evita la receta completa: una lista exhaustiva convierte la descripción en un inventario y da a los clientes con alergias una falsa sensación de que ahí está todo, cuando de eso se ocupan los distintivos. Si dejas que la extracción con IA redacte secciones, platos y precios a partir de una foto o un PDF de tu carta antigua, trata ese borrador como material en bruto: la estructura queda en minutos, la voz la pones tú.

Precios donde ya está la mirada

El precio va en la misma línea que el plato o justo debajo. Los puntitos que en papel llevan la vista hasta la cifra se rompen en una pantalla estrecha. Y no escondas el precio en otra pantalla: quien tiene que abrir el plato para saber cuánto cuesta da por hecho que la respuesta es caro.

  • Di los extras con claridad: pan, suplemento de terraza, diferencia por la pieza grande.
  • Si algo se cobra por 100 g o por persona, que se lea en la misma línea.
  • Redondea igual en toda la carta. Mezclar 12,00 y 12 en una sección se ve descuidado.
  • En zona turística, la multidivisa compensa: los precios se pueden convertir automáticamente o fijar por moneda, para que el cliente vea una cifra que entiende al instante.

Fotos: menos, mejores y nunca de todo

Una buena foto vende un plato. Una mala lo hunde, y hacer una mala es facilísimo: flash cenital, un plato que ya se enfrió, una caña idéntica a cualquier otra caña. Fotografía los seis u ocho platos que de verdad quieres vender, en la vajilla que sirves, con luz de día junto a una ventana y desde el ángulo en el que lo ve un cliente sentado. Y para ahí. La coherencia gana a la calidad: ocho fotos con el mismo criterio parecen una carta, veinte en cinco estilos parecen un grupo de WhatsApp. El resto, solo texto, y recuerda que las fotos son lo más pesado de la página. Una carta lenta es una carta cerrada.

Alérgenos y distintivos de dieta, en cada plato

El Reglamento europeo 1169/2011 obliga a informar de los catorce alérgenos de declaración obligatoria también en alimentos no envasados, y eso incluye cada plato que sale de tu cocina. Una carta digital es el sitio más sencillo del local para mantener esa información al día.

Pon el distintivo en el plato, no en una nota al pie con números: en el móvil la leyenda queda tres pantallas por debajo del plato que explica. En yourmenu.app los catorce alérgenos de la UE y los distintivos de dieta van en cada plato, y el etiquetado de alérgenos está incluido en el plan gratuito. Actualízalo el día del cambio, no a fin de mes.

Traduce la carta y luego léela en voz alta

Una carta traducida literalmente suele ser peor que ninguna. Los nombres de los platos casi siempre deberían quedarse como están: la paella es paella, el Rösti es Rösti, y una línea de explicación rinde más que un nombre en inglés que nadie usa. Traduce las descripciones, los avisos de alérgenos y los títulos de sección.

Las traducciones con IA te dan rápido una carta completa y legible, y en yourmenu.app cada texto se puede retocar a mano: corriges los veinte nombres que importan y dejas el resto. Las traducciones con IA forman parte de Premium. Sea cual sea la herramienta, que alguien que hable el idioma de verdad lea la carta antes de publicarla. Los errores que dan vergüenza nunca están en la gramática.

Impresión: tamaño, contraste y reflejos

Ahora sí, el código. Los escaneos fallidos se explican casi siempre por cuatro cosas: tamaño, contraste, reflejo y zona de silencio.

  • Tamaño: distancia de escaneo dividida entre diez. Un soporte de mesa leído a 25 cm necesita 2,5 cm de código; un póster de escaparate a un metro, 10 cm. Ante la duda, más grande.
  • Contraste: código oscuro sobre fondo claro, idealmente negro sobre blanco. Los códigos invertidos o desvaídos fallan en cámaras antiguas.
  • Zona de silencio: margen libre todo alrededor. Ni gráficos, ni texto, nada que toque el borde.
  • Acabado: laminado mate antes que brillo. El reflejo de un foco o de una vela es el motivo más común por el que un cliente se rinde.
  • Con un logo en el centro, el código necesita corrección de errores alta para seguir resolviendo.
  • Mejor un código por asiento que uno por mesa, con el enlace corto impreso debajo para quien prefiera teclearlo.

Algo más que conviene comprobar antes de mandar nada a imprenta: qué contiene el código en realidad. En yourmenu.app el QR guarda un enlace corto permanente, no la URL de la carta, así que renombrarla, rediseñarla o pasarla a un dominio propio nunca deja muerta una tirada impresa. Los códigos que llevan la URL directa sí mueren.

Prueba la carta antes del servicio, no durante

  • Escanea sentado en la mesa más oscura del local, con la vela encendida.
  • Abre la carta en un Android viejo y barato además de en un iPhone nuevo.
  • Pruébala con una rayita de cobertura, no con el wifi de la oficina.
  • Dale el móvil a alguien que no haya visto la carta y cronometra cuánto tarda en encontrar un principal vegetariano. Más de treinta segundos significa que la estructura falla.
  • Marca un plato como agotado y comprueba que se atenúa al momento en la vista del cliente.

Mide con los datos de escaneo

Con la carta en marcha, las estadísticas de escaneo te dicen cuánta gente escaneó, más o menos dónde y cuándo — función Premium y el único circuito de feedback honesto que vas a tener. Si los soportes de la terraza dan un tercio de los escaneos que los de dentro, están mal colocados o reflejan. Si los escaneos suben antes de abrir, el cartel del escaparate merece un código más grande.

Nada de esto es un proyecto de una sola vez. Las cartas se desajustan: cambian los precios, cambian los proveedores, las fotos empiezan a oler a verano pasado. La ventaja de una carta digital es que arreglar cualquiera de esas cosas te lleva un minuto desde el móvil y está en línea antes del siguiente escaneo. La primera versión es gratis: una carta completa, código QR permanente, etiquetas de alérgenos y actualizaciones instantáneas, sin tarjeta.

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